Diseño de huerto comunitario resiliente: principios de permacultura

Índice de Contenido
  1. Implementar sistemas de captación y almacenamiento de agua
  2. Utilizar técnicas de compostaje y reciclaje de residuos orgánicos
    1. Separar los residuos orgánicos
    2. Crear una pila de compost
    3. Agregar microorganismos y voltear la pila
  3. Fomentar la diversidad de cultivos y la rotación de cultivos
  4. Promover la utilización de plantas nativas y autóctonas
  5. Diseñar espacios para la convivencia y la educación ambiental
    1. Zonas de diseño según la permacultura
  6. Integrar la cría de animales para aprovechar sus desechos y obtener alimentos
  7. Utilizar técnicas de control de plagas y enfermedades de forma natural
  8. Promover la participación activa de la comunidad en la planificación y mantenimiento del huerto
  9. Establecer alianzas con organizaciones y empresas locales para obtener recursos y apoyo
  10. Fomentar la autosuficiencia y la producción de alimentos sanos y sostenibles
    1. Principios de diseño permacultural para huertos comunitarios resilientes:
    2. 1. ¿Qué es la permacultura?
    3. 2. ¿Cuál es la importancia de un huerto comunitario resiliente?
    4. 3. ¿Cuáles son los principios de diseño de un huerto comunitario resiliente?
    5. 4. ¿Cómo puedo empezar a diseñar un huerto comunitario resiliente?

En un mundo cada vez más consciente de la importancia de la sostenibilidad y la seguridad alimentaria, los huertos comunitarios se han convertido en una alternativa cada vez más popular. Estos espacios no solo promueven la producción de alimentos frescos y saludables, sino que también fomentan la colaboración y el sentido de comunidad entre sus participantes. Sin embargo, para que un huerto comunitario sea verdaderamente resiliente y sostenible a largo plazo, es fundamental aplicar los principios de la permacultura.

Exploraremos los principios de la permacultura y su aplicación en el diseño de huertos comunitarios resilientes. Desde la planificación del espacio hasta la elección de cultivos y la gestión del suelo, analizaremos cómo estos principios pueden ayudar a crear un huerto comunitario que sea resiliente frente a los desafíos ambientales y sociales. Además, también abordaremos la importancia de la educación y la participación de la comunidad en la gestión de estos espacios, así como las ventajas de adoptar enfoques regenerativos y agroecológicos en la producción de alimentos.

Implementar sistemas de captación y almacenamiento de agua

Uno de los principios fundamentales en el diseño de un huerto comunitario resiliente es la implementación de sistemas de captación y almacenamiento de agua. El agua es un recurso escaso y valioso, por lo tanto, es importante aprovechar al máximo cada gota que caiga en nuestro huerto.

Existen varias formas de captar agua de lluvia, como por ejemplo, utilizando tejados o superficies impermeables para dirigir el agua hacia un sistema de recolección. Este sistema puede consistir en una serie de canaletas y tuberías que llevan el agua hacia un tanque de almacenamiento.

Una vez captada el agua, es esencial almacenarla adecuadamente para utilizarla en momentos de escasez. Para ello, se pueden utilizar tanques de almacenamiento subterráneos o sobre el suelo, dependiendo del espacio disponible en el huerto.

Además de la captación y almacenamiento de agua de lluvia, es importante considerar la reutilización del agua en el huerto. Por ejemplo, se puede recoger el agua de los sistemas de riego y drenaje para utilizarla nuevamente en el riego de las plantas.

Implementar sistemas de captación y almacenamiento de agua no solo nos permite aprovechar este recurso de manera eficiente, sino que también nos ayuda a ahorrar dinero en el consumo de agua potable y a reducir nuestra dependencia de fuentes externas de agua.

Utilizar técnicas de compostaje y reciclaje de residuos orgánicos

Una de las principales técnicas que se emplea en el diseño de un huerto comunitario resiliente es el compostaje y reciclaje de residuos orgánicos. Esta técnica consiste en aprovechar los desechos vegetales y animales para producir abono natural, el cual se utilizará posteriormente como fertilizante en el huerto.

El compostaje es un proceso natural en el que los microorganismos descomponen la materia orgánica, transformándola en un producto rico en nutrientes y materia orgánica estable. Para realizarlo correctamente, es importante seguir algunos principios básicos:

Separar los residuos orgánicos

Es fundamental separar los residuos orgánicos de los demás desechos. En el huerto comunitario, se puede implementar un sistema de recolección selectiva, proporcionando contenedores específicos para los restos de comida, hojas, ramas y otros materiales vegetales.

Crear una pila de compost

Una vez separados los residuos orgánicos, se deben depositar en una pila de compost. Esta puede ser construida con palets, madera o alambres, permitiendo la circulación de aire y el drenaje del exceso de humedad. Es importante mantener un equilibrio entre los materiales ricos en carbono (hojas secas, ramas) y los materiales ricos en nitrógeno (restos de comida, césped cortado), para favorecer la descomposición y evitar malos olores.

Agregar microorganismos y voltear la pila

Para acelerar el proceso de compostaje, se pueden agregar microorganismos activadores, como lombrices o compost previo. Además, es recomendable voltear la pila cada cierto tiempo, para permitir que todos los materiales se descompongan de manera uniforme y obtener un compost de calidad.

Una vez que el compost esté maduro, es decir, cuando tenga una textura y olor similar al suelo y no se reconozcan los materiales originales, se puede utilizar como fertilizante en el huerto comunitario. Este aporte de nutrientes orgánicos contribuirá a mejorar la estructura del suelo y la salud de las plantas, promoviendo así la sostenibilidad y la resiliencia del huerto.

Fomentar la diversidad de cultivos y la rotación de cultivos

Uno de los principios fundamentales en el diseño de un huerto comunitario resiliente es fomentar la diversidad de cultivos y la rotación de cultivos. Esto implica cultivar diferentes tipos de plantas en el huerto, en lugar de limitarse a un solo tipo de cultivo.

La diversidad de cultivos tiene numerosos beneficios. En primer lugar, ayuda a prevenir la propagación de enfermedades y plagas específicas de una sola especie de planta. Al cultivar diferentes tipos de plantas, se crea un ambiente menos propicio para que las enfermedades y plagas se propaguen rápidamente.

Además, la diversidad de cultivos también ayuda a mejorar la fertilidad del suelo. Cada tipo de planta tiene diferentes requerimientos nutricionales, por lo que al cultivar diferentes especies en el mismo huerto, se asegura que el suelo esté equilibrado en nutrientes y no se agote.

La rotación de cultivos es otro aspecto importante a tener en cuenta. Consiste en cambiar la ubicación de los cultivos de año en año, evitando así el agotamiento del suelo y reduciendo la acumulación de enfermedades y plagas. Por ejemplo, si en un año se cultivan tomates en una determinada área del huerto, al año siguiente se debería plantar otra especie en esa misma área.

Para implementar la diversidad de cultivos y la rotación de cultivos en un huerto comunitario, es recomendable hacer una planificación cuidadosa. Se pueden utilizar listas o tablas para llevar un registro de las diferentes especies de plantas que se cultivarán y la ubicación en la que se plantarán cada año.

Fomentar la diversidad de cultivos y la rotación de cultivos en un huerto comunitario es esencial para promover la salud de las plantas, prevenir enfermedades y plagas, y mejorar la fertilidad del suelo. Con una planificación adecuada, se puede crear un huerto resiliente y productivo para toda la comunidad.

Promover la utilización de plantas nativas y autóctonas

El diseño de un huerto comunitario resiliente se basa en principios de permacultura que buscan la sostenibilidad y la armonía con el entorno natural. Uno de estos principios es promover la utilización de plantas nativas y autóctonas.

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Las plantas nativas se refieren a aquellas especies que son originarias de la región donde se encuentra el huerto comunitario. Estas plantas están adaptadas a las condiciones climáticas, suelo y fauna local, lo que las hace más resistentes y menos propensas a plagas y enfermedades. Además, su cultivo no requiere de grandes cantidades de agua o fertilizantes, lo que las convierte en una opción más sostenible.

Por otro lado, las plantas autóctonas son aquellas que se encuentran en el entorno inmediato del huerto comunitario, como en los bosques cercanos o en áreas naturales protegidas. Estas plantas tienen un papel fundamental en la conservación de la biodiversidad, ya que proporcionan alimento y refugio a numerosas especies de insectos, aves y otros animales.

Al utilizar plantas nativas y autóctonas en el diseño del huerto comunitario, se fomenta la conservación de la flora y fauna local, se fortalece el equilibrio ecológico y se reduce la dependencia de recursos externos. Además, estas plantas suelen ser más resistentes a las condiciones adversas, lo que garantiza una mayor probabilidad de éxito en el cultivo.

Para identificar las plantas nativas y autóctonas de la región, se puede consultar a expertos en botánica local o investigar en libros y recursos en línea. Es importante seleccionar aquellas especies que sean adecuadas para las condiciones particulares del huerto comunitario, teniendo en cuenta factores como la disponibilidad de luz solar, el tipo de suelo y el clima.

Promover la utilización de plantas nativas y autóctonas en el diseño de un huerto comunitario es una práctica fundamental para lograr la resiliencia y la sostenibilidad. Estas plantas son más adaptables y resistentes, ayudan a conservar la biodiversidad y reducen la dependencia de recursos externos, lo que contribuye a la creación de un entorno más saludable y equilibrado.

Diseñar espacios para la convivencia y la educación ambiental

Un huerto comunitario es mucho más que un espacio para cultivar alimentos. Es un lugar de encuentro, de aprendizaje y de convivencia entre vecinos. El diseño de un huerto comunitario debe tener en cuenta estos aspectos, creando espacios que fomenten la interacción y la participación de todos los miembros de la comunidad.

En la permacultura, se busca diseñar espacios resilientes, es decir, capaces de adaptarse y recuperarse frente a los cambios y perturbaciones del entorno. En el caso de un huerto comunitario, esto implica tener en cuenta los principios de la permacultura a la hora de diseñar sus diferentes elementos y zonas.

Zonas de diseño según la permacultura

La permacultura propone dividir el espacio en diferentes zonas, según las necesidades y las funciones de cada una. En un huerto comunitario, estas zonas pueden ser adaptadas para fomentar la participación y el aprendizaje de los miembros de la comunidad.

  1. Zona 0: Esta es la zona central del huerto, donde se encuentra el punto de encuentro y de convivencia. Aquí se pueden ubicar mesas y bancos para que las personas puedan reunirse, compartir experiencias y disfrutar del espacio.
  2. Zona 1: Esta zona está más próxima a la zona central y es la más intensiva en términos de cuidado y cultivo. Aquí se pueden ubicar las huertas individuales o compartidas, donde cada miembro de la comunidad puede cultivar sus propias hortalizas.
  3. Zona 2: En esta zona se pueden ubicar los espacios educativos, como talleres o charlas sobre agricultura ecológica, compostaje, reciclaje, entre otros temas relacionados. También pueden ubicarse áreas de juego para los más pequeños, fomentando así su participación y aprendizaje.
  4. Zona 3: En esta zona se pueden ubicar árboles frutales, arbustos y plantas perennes que requieran menos cuidado y mantenimiento. Estas plantas pueden ser utilizadas para la producción de frutas y alimentos para la comunidad.
  5. Zona 4: Esta zona puede ser utilizada para la recolección de materiales orgánicos, como restos de poda o compostaje. También puede ser utilizada como área de descanso, con bancos y mesas para que las personas puedan disfrutar de un momento de tranquilidad en el huerto.

Al diseñar un huerto comunitario según los principios de la permacultura, se busca crear un espacio que sea más que un lugar de cultivo de alimentos. Se busca crear un espacio de encuentro, de aprendizaje y de convivencia, donde todos los miembros de la comunidad puedan participar y disfrutar de los beneficios de la agricultura urbana.

Integrar la cría de animales para aprovechar sus desechos y obtener alimentos

Una de las formas más eficientes de diseñar un huerto comunitario resiliente es integrando la cría de animales. Esto no solo nos permite aprovechar sus desechos como abono orgánico para nuestras plantas, sino que también nos brinda la posibilidad de obtener alimentos frescos y nutritivos.

La permacultura nos enseña que todo en la naturaleza está interconectado, y al incorporar animales en nuestro huerto comunitario estamos imitando el funcionamiento de los ecosistemas naturales. Esta integración nos permite cerrar los ciclos de nutrientes de una manera más eficiente y sostenible.

Principios de permacultura para integrar la cría de animales en el huerto comunitario

  • Observación y diseño cuidadoso: Antes de incorporar animales en nuestro huerto, es importante observar y comprender cómo funciona el ecosistema. Debemos tener en cuenta las necesidades de los animales y cómo pueden beneficiar al sistema en general.
  • Selección de animales adecuados: No todos los animales son adecuados para integrar en un huerto comunitario. Es importante elegir especies que se adapten al clima y las condiciones del lugar, así como también considerar su función dentro del sistema (por ejemplo, aves para control de plagas).
  • Diseño de espacios y estructuras adecuadas: Debemos proporcionar a los animales un espacio adecuado donde puedan vivir de manera cómoda y segura. Esto puede incluir la construcción de gallineros, corrales o estanques, dependiendo de las especies que elijamos.
  • Manejo adecuado de los animales: Es importante garantizar el bienestar de los animales en nuestro huerto comunitario. Esto implica brindarles una dieta adecuada, agua limpia, cuidados veterinarios y evitar prácticas crueles o dañinas.
  • Aprovechamiento de sus desechos: Los desechos animales, como el estiércol o los restos de comida, pueden convertirse en valioso abono orgánico para nuestras plantas. Debemos aprender a gestionar y compostar estos desechos de manera adecuada.
  • Beneficios mutuos: Al integrar animales en nuestro huerto comunitario, obtenemos beneficios mutuos. Por un lado, las plantas se benefician de los nutrientes aportados por los animales, y por otro lado, los animales obtienen alimento y refugio en el huerto.

La integración de la cría de animales en un huerto comunitario basado en principios de permacultura nos brinda una forma más completa y resiliente de producir alimentos. No solo aprovechamos los desechos animales como abono orgánico, sino que también obtenemos alimentos frescos y contribuimos a cerrar los ciclos de nutrientes de manera más eficiente.

Utilizar técnicas de control de plagas y enfermedades de forma natural

En el diseño de un huerto comunitario resiliente, es fundamental utilizar técnicas de control de plagas y enfermedades de forma natural. La permacultura nos ofrece diversas estrategias para lograrlo, evitando el uso de productos químicos que pueden ser dañinos para el medio ambiente y la salud humana.

1. Diversidad de cultivos: Una de las mejores formas de prevenir plagas y enfermedades es cultivando una amplia variedad de plantas en el huerto. Al mezclar diferentes especies, se crean barreras naturales que dificultan la propagación de enfermedades y el establecimiento de plagas. Además, cada planta tiene sus propias características defensivas que pueden ayudar a proteger a las demás.

2. Rotación de cultivos: La rotación de cultivos es otra técnica importante en el diseño de un huerto resiliente. Consiste en cambiar la ubicación de los cultivos cada temporada, evitando que las plagas y enfermedades se establezcan y se reproduzcan en el mismo lugar año tras año. Además, la rotación de cultivos ayuda a mantener la fertilidad del suelo y reduce la dependencia de fertilizantes químicos.

3. Cultivo de plantas compañeras: Algunas plantas tienen la capacidad de repeler o atraer ciertos insectos, lo que puede ser aprovechado en el diseño del huerto. Por ejemplo, el cultivo de caléndula cerca de las hortalizas puede ayudar a repeler pulgones, mientras que el cultivo de albahaca cerca de los tomates puede contribuir a repeler ciertos insectos y mejorar su sabor.

4. Uso de insectos benéficos: En lugar de utilizar insecticidas químicos, se puede promover la presencia de insectos benéficos en el huerto. Estos insectos, como las mariquitas, los crisopas y las abejas solitarias, se alimentan de plagas y contribuyen al equilibrio natural del huerto. Para atraerlos, se pueden plantar flores que les provean néctar y refugio.

5. Manejo adecuado del riego: El riego excesivo puede favorecer el desarrollo de enfermedades en las plantas. Es importante establecer un sistema de riego adecuado que evite el encharcamiento del suelo y promueva un buen drenaje. Además, se recomienda regar en las horas de menor temperatura para evitar la proliferación de hongos.

6. Mantenimiento y limpieza: Una buena práctica para prevenir enfermedades es mantener el huerto limpio y ordenado. Retirar las plantas enfermas o muertas, eliminar las malas hierbas y mantener las herramientas limpias y desinfectadas ayuda a reducir la propagación de patógenos y plagas.

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El diseño de un huerto comunitario resiliente debe contemplar técnicas de control de plagas y enfermedades de forma natural. La permacultura nos ofrece principios y estrategias que promueven la biodiversidad, la rotación de cultivos, el cultivo de plantas compañeras, el uso de insectos benéficos, el manejo adecuado del riego y el mantenimiento y limpieza del huerto. Al aplicar estos principios, podemos crear huertos más saludables y sostenibles para nuestra comunidad.

Promover la participación activa de la comunidad en la planificación y mantenimiento del huerto

Para diseñar un huerto comunitario resiliente y sostenible, es fundamental fomentar la participación activa de la comunidad en todas las etapas del proceso. La permacultura nos enseña la importancia de trabajar en colaboración y de manera holística, teniendo en cuenta las necesidades y deseos de todos los miembros del grupo.

Una forma de promover la participación es realizando reuniones periódicas donde se discutan y tomen decisiones sobre el diseño y mantenimiento del huerto. En estas reuniones, es importante que todos los miembros tengan la oportunidad de expresar sus ideas y opiniones, y que se llegue a acuerdos consensuados.

Además, se puede fomentar la participación a través de la asignación de responsabilidades y tareas específicas a cada miembro de la comunidad. Esto no solo garantiza que el trabajo se distribuya de manera equitativa, sino que también ayuda a fortalecer el sentido de pertenencia y compromiso con el huerto.

Es importante destacar que la participación activa de la comunidad no solo implica la planificación y el mantenimiento del huerto, sino también la toma de decisiones sobre qué se va a cultivar y cómo se va a utilizar la producción. Esto permite que el huerto sea verdaderamente comunitario y que todos los miembros se beneficien de él.

Promover la participación activa de la comunidad en la planificación y mantenimiento del huerto es fundamental para diseñar un espacio resiliente y sostenible. La permacultura nos enseña que trabajar en colaboración y tener en cuenta las necesidades de todos los miembros del grupo es clave para lograr un huerto exitoso y beneficioso para todos.

Establecer alianzas con organizaciones y empresas locales para obtener recursos y apoyo

Uno de los principios fundamentales en el diseño de un huerto comunitario resiliente es establecer alianzas con organizaciones y empresas locales. Estas alianzas nos permiten obtener recursos y apoyo necesarios para el desarrollo y mantenimiento del huerto.

En primer lugar, es importante identificar y contactar a organizaciones y empresas que compartan nuestros valores y objetivos. Podemos buscar asociaciones con viveros locales, tiendas de jardinería o empresas de alimentos orgánicos, por ejemplo.

Una vez establecida la alianza, podemos solicitar recursos como semillas, plantas, herramientas de jardinería y materiales de construcción. Estos recursos nos ayudarán a iniciar y mantener nuestro huerto comunitario de manera más eficiente y sostenible.

Además de los recursos materiales, las alianzas nos brindan apoyo técnico y conocimientos especializados. Podemos recibir asesoramiento sobre técnicas de cultivo, cuidado de plantas, manejo de plagas y enfermedades, entre otros temas. Esto nos permitirá optimizar nuestros recursos y obtener mejores resultados en la producción de alimentos.

Las alianzas también pueden proporcionarnos apoyo financiero. Al establecer colaboraciones con organizaciones y empresas locales, podemos acceder a fondos y subvenciones destinados a proyectos comunitarios. Esto nos ayudará a financiar la infraestructura necesaria para el huerto, como cercas, sistemas de riego y espacios de almacenamiento.

Establecer alianzas con organizaciones y empresas locales es esencial en el diseño de un huerto comunitario resiliente. Estas alianzas nos brindan recursos, apoyo técnico y financiero, permitiéndonos desarrollar y mantener nuestro huerto de manera más eficiente y sostenible.

Fomentar la autosuficiencia y la producción de alimentos sanos y sostenibles

El diseño de un huerto comunitario resiliente es fundamental para fomentar la autosuficiencia y la producción de alimentos sanos y sostenibles. En este sentido, la permacultura se presenta como una herramienta clave para lograr estos objetivos.

La permacultura es una filosofía de diseño que se basa en la observación de los patrones y ciclos de la naturaleza, con el objetivo de crear sistemas sostenibles que promuevan la abundancia y la resiliencia. Aplicada al diseño de huertos comunitarios, la permacultura nos brinda principios y estrategias que nos permiten maximizar la productividad del espacio, minimizando el uso de recursos y promoviendo la biodiversidad.

Principios de diseño permacultural para huertos comunitarios resilientes:

  1. Observar y aprender de la naturaleza: Antes de comenzar a diseñar nuestro huerto comunitario, es fundamental observar y aprender de los patrones y ciclos de la naturaleza que nos rodea. Esto nos permitirá entender cómo funciona el ecosistema local y adaptar nuestro diseño de acuerdo a él.
  2. Utilizar los recursos disponibles: En lugar de depender de recursos externos, como fertilizantes químicos o agua potable, debemos aprovechar al máximo los recursos disponibles en nuestro entorno. Esto implica utilizar compost orgánico para enriquecer el suelo, recolectar y almacenar agua de lluvia, y utilizar cultivos de cobertura para mejorar la fertilidad del suelo.
  3. Promover la biodiversidad: Un huerto comunitario resiliente se caracteriza por ser un espacio rico en biodiversidad. Para lograr esto, es importante incorporar una gran variedad de plantas, incluyendo cultivos alimentarios, plantas medicinales, flores y árboles frutales. Además, es fundamental fomentar la presencia de insectos polinizadores y otros animales beneficiosos para el ecosistema.
  4. Crear sinergias y conexiones: En un huerto comunitario resiliente, las diferentes partes del sistema se relacionan entre sí de manera beneficiosa. Por ejemplo, los desechos orgánicos de la cocina pueden ser utilizados como compost para enriquecer el suelo, las plantas trepadoras pueden aprovechar la sombra proporcionada por los árboles frutales, y las plantas aromáticas pueden ser utilizadas como repelentes naturales de plagas.
  5. Minimizar el uso de energía y recursos: La permacultura nos invita a diseñar huertos comunitarios que sean eficientes en el uso de energía y recursos. Esto implica utilizar técnicas de cultivo que requieran menos agua, minimizar la necesidad de pesticidas y herbicidas, y utilizar herramientas y materiales sostenibles.
  6. Compartir conocimientos y recursos: Un huerto comunitario resiliente se construye sobre la base de la colaboración y el intercambio de conocimientos y recursos. Es importante promover la participación activa de todos los miembros de la comunidad, brindando espacios de aprendizaje y promoviendo la solidaridad y el trabajo en equipo.

El diseño de un huerto comunitario resiliente basado en los principios de la permacultura nos permite fomentar la autosuficiencia y la producción de alimentos sanos y sostenibles. Al aplicar estos principios, estaremos contribuyendo a la creación de espacios que promuevan la biodiversidad, la eficiencia en el uso de recursos y la colaboración comunitaria.

Preguntas frecuentes

1. ¿Qué es la permacultura?

La permacultura es un enfoque de diseño basado en principios éticos y ecológicos que busca crear sistemas sostenibles y resilientes.

2. ¿Cuál es la importancia de un huerto comunitario resiliente?

Un huerto comunitario resiliente contribuye a la seguridad alimentaria, promueve la convivencia y fortalece la resiliencia de la comunidad ante posibles crisis.

3. ¿Cuáles son los principios de diseño de un huerto comunitario resiliente?

Los principios incluyen la diversidad de cultivos, el uso eficiente del agua, el reciclaje de nutrientes y la integración de la fauna beneficiosa.

4. ¿Cómo puedo empezar a diseñar un huerto comunitario resiliente?

Puedes comenzar identificando las necesidades y recursos de la comunidad, trazando un plan de diseño y fomentando la participación activa de los miembros.

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Daniela Ortiz:

Soy Daniela, una agricultora innovadora y emprendedora. Después de estudiar agronomía en la universidad, decidí aplicar mis conocimientos a mi pasión por la agricultura. Ahora tengo mi propio huerto ecológico donde cultivo frutas y verduras de alta calidad y trabajo para promover la agricultura sostenible y la alimentación saludable.

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